En lo que al territorio costarricense se refiere, se ha encontrado evidencia arqueológica en la Región de Guanacaste — Nicoya y el Sector Occidental del Valle Central, específicamente en San Ramón, donde se demuestra la utilización de un esqueleto de varillas recubierto con arcilla para la construcción de paredes (bahareque).

Esta evidencia, consta de cientos de fragmentos con impresiones (sencillas y múltiples) o sin ellas, donde se aprecia el tallo de las plantas que fueron utilizadas (como es de suponer, por su carácter perecedero, estos tallos no pueden ser encontrados junto con los pedazos de arcilla, aunque hay casos excepcionales donde se pueden apreciar restos microscópicos) su colocación y proporción de uso.

A lo que se sabe, las paredes se elevaban a partir de estacas o pequeños postes colocados paralelamente en el lado interno de una estructura de piedra. Entre ellas, se amarraba con bejucos muy delgados algunos tallos horizontales formando así una cuadrícula desproporcionada (no guardaba ninguna simetría); esto en la mayoría de los casos, ya que también se han encontrado muestras donde los tallos se colocaban en diferentes direcciones.

Una vez lista la estructura, se colocaba la arcilla, cubriendo así las imperfecciones estructurales. Para poder aplicar esta capa, la arcilla debía tener una elasticidad que le permitiera adherirse sin problema a los tallos; esto implicaba un proceso de selección, depuración y tratamiento del barro, e inclusive de mezcla ya que hay muestras donde la arcilla era mezclada con tierra. Para finalizar, se aplicaba una capa de repello de 2 a 4mm dejando así una superficie lisa.

Como agregado, para asegurar la estabilidad de la futura pared, se colocaban fragmentos de cerámica reciclada, en otras palabras, pedazos de algún objeto quebrado o que ya no se utilizase. Después se dejaba que todo secara naturalmente y luego se quemaba para darle más resistencia al material (se colocaba follaje y restos vegetales muy secos y luego se le prendía fuego). 

Es importante mencionar, que por las muestras encontradas, se ha concluido que estas paredes eran no más altas de un metro y posiblemente se utilizaban no como soporte del techo, sino más bien para prevenir que el agua de las lluvias, la humedad, los insectos u otros animales entraran a la casa.